Un experimento, también una rutina, un hábito o ejercicio que llevo practicando desde hace décadas: setenta, ochenta, noventa páginas de lectura diarias, ochocientas, novecientas palabras escritas en un cuaderno, libreta o archivo. Hace mucho que se convirtió en una adicción: cuando falta, algo realmente extraño ya que nunca sucede, se vuelve insoportable.

No creo en nada en lo que no advierta el toque de la ficción. Pura medicina.

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¿El cansancio físico y el mental son dos dimensiones del mismo cansancio? No estoy indagando ninguna causa, sólo tratando de experimentar la correspondencia. Es algo que me produce un tipo de interrogante similar a la mera mención del “espacio mental” (porque es algo que suelo decir, no sé bien por qué: “son situaciones que cargan mi cerebro de una materia que no digiero bien”). Habitualmente escribo con ese cansancio que a veces no es del todo físico, y otras no del todo mental. La prueba está en cómo se deslizan las frases; algo que también debería tener una explicación mejor.

Visita de Fabio Kacero, intrigado por el orden de los títulos en la biblioteca del recibidor. Le comenté que se trataba de mi autorretrato en libros. Una mezcla renovada de desafíos, recuerdos, atesoramientos, veleidades, miedos, regocijos, deseos, bochornos y delicias. No mis libros favoritos, sino los que arman eso que se parece al rompecabezas que soy.