Archivos porque sí, con una razón menos evidente. Archivos que ya fueron clasificados, aunque no catalogados. Extensas obras involuntarias. Una y otra vez debemos inventar nuevas formas de lectura. Cuadras, edificios, habitaciones, millones de objetos, parecidos y distintos, atractivos y apáticos, repulsivos y olvidables. Las emociones implican una preparación –hay que saber emocionarse- que no es otra cosa que saber advertir las diferencias. Otra vez el juego de las lecturas. No poder entender agota y trastorna.

Dos voces y su sinapsis –el modo en que esas texturas realizan sus intercambios, en que confrontan o armonizan sus políticas- dentro de cualquier narración: todo relato comienza cuando algo de lo escrito inquieta. “Nunca lo había leído de ese modo”, me dice. El episodio es conocido, pero algunos elementos estuvieron disimulados hasta ahora. Sus consecuencias afectan nuestro presente, pero la imagen permanece desde hace tiempo. Cuando descubrimos que no lo entendíamos, cuando comienza ese nuevo trabajo de sentido, entonces la narración emerge.

Después de dos días sin salir de casa, la proximidad del mundo reacomoda su extrañeza. Enero es un mes precioso en una ciudad como Buenos Aires. Se disfruta mucho más cuando menos situaciones disimulan la sensación de menos gente.