Hace mucho, escuché a un viejo decir: “Un libro es como un espejo. Recién cuando lo construiste entendés como es tu cara”. Me pareció una comparación muy estúpida, pero por alguna causa no lo olvidé. ¿Cómo se construye un espejo? ¿Mirarse es entender? ¿Por qué no buscar el reflejo en otro lugar? Sigo sin comprender cómo funciona mi memoria.

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Tienen razón quienes insisten en que el mito no es contenido sino forma: un efecto de lenguaje. No coincido, en absoluto, en la presunción de falsedad: el mito es lo más nítido de lo real, incluso su causa. La ficción es un efecto de lo narrado y nunca al revés. Desde Luciano de Samosata sabemos que la vida en la luna es tan lógica como la de nosotros, lunáticos sólo por incidencias misteriosas del cariñoso satélite.