Otra vez con extravagancias en la percepción del tiempo. No necesariamente en los tiempos breves, inmediatos, sino a mediano plazo. Una semana, diez días se me antojan meses. Parte de un contenido cifrado, que decodifico de a poco.

En estas oportunidades, en el efecto refractario en la prosa, los anclajes precisos o los remates –valga la redundancia- efectistas, no sirven de mucho.

Privacidad pública: ahí donde el cifrado cobra más y mejor brillo.

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Estilos de percibir el tiempo. Un tablero de corcho con demasiados papeles. Cada hoja, decenas de líneas. En cada frase, cinco o seis acciones, equivalentes a otras tantas incógnitas. Los plazos nos angostan. El mundo –dimensiones de la misma percepción- se reubica. Días noches, ayer parece hace un siglo. La sensación de estar corriendo en la más esmerada lentitud. Digamos, así, que se repite. Otra vez más.