No tengo la menor idea de cuándo comencé con esas libretas. Al revés, podría dar cuenta del momento exacto en el que elegí cada una, por su color, textura, gramaje. Tengo muy presente el día de lluvia, el bar en Avenida La Plata, una charla inmediatamente anterior con Alfredo Prior. “Tributando al delay”, me dije. Encapsular, enterrar, apartar (E-E-A): ¿cuánta importancia tiene la inmediatez, tratándose de una idea? Tampoco puedo decir que fueran ideas, exclusivamente. ¿Estímulos? Algo así. Más vinculados a la percepción. Me acuerdo muy bien del párrafo (porque era un párrafo) firmado por Teresa Arijón y Manuel Hermelo: “La vida no es trágica, es cómica, y es sin embargo bastante curioso que Freud no haya encontrado nada mejor que designar con el complejo de Edipo -es decir, una tragedia-, eso de lo que trataría el asunto. No sé por qué Freud, aun cuando podía tomar el camino más corto, designó con algo distinto de una comedia, a eso con lo que tenía que ver con la relación que liga lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real”. Pensé que me iba a resultar mucho más difícil lidiar con una madre muerta. Pero no.

FrGr67 es la dirección de Twitter de Fernando García (mi querido amigo Opio). La sola idea de microblogging me deja bastante indiferente, pero lo que hace Fernando con esa red es maravilloso. Eso que Heirinch Wölfflin lograba  persiguiendo a los poderosos detalles (el bendito zapato gótico que descifraba las catedrales), él lo hace con la catarata de información estética que nos rodea minuto a minuto. Su pasión por el jardinero desatormentado (“¿Acaso no sentiste hablar Gandhi / Superman?”) me hizo tomar conciencia de la cantidad de personajes alegóricos que nos legó en autor de Jugo de Lúcuma.

Vuelvo, otra vez, otra vez más, a esa Summa de nuestras filiaciones literarias que se titula ¿Puig? que Ezequiel Alemián incluyó en Impresiones. A las cercanías e influencias -esos caminos que transitamos y les vamos dando forma a medida que el tiempo nos dice otras cosas-. Veamos: ¿Manuel Puig? Un escritor de otra época. Muy. Pero en ese más allá del jardín parece haber huellas de Guebel, Bizzio y Feiling. En su momento le escribí a Ezequiel porque las huellas que más recuerdo son las del jardín en ruinas de Chitarroni (las variaciones de la sílaba zelarayanesca: jamás un tal vez). Si fuera por Puig, no estaría tecleando, en este momento. Chitarroni tiene la culpa de todo. Por la razón que sea sus huellas  me parecen una pinacoteca. A propósito, muy bueno lo que escribió sobre esa pequeña y fulgurante joya que es la última novela de Matías Serra Bradford.