¿Cuál puede ser la discusión?  Las sensaciones son materia, sobre todo material para el cuerpo. De la misma manera que las orejas o los pies o los labios simplemente están ahí, así también las sensaciones,  pináculo de eso que llamamos experiencia. La escritura es ojo y voz, en mi caso cada vez más en ese orden, donde el leve daimon equilibra y desequilibra a su gusto. ¿Humores? De los cuatro, la melancolía es el más redundante. Los siglos y sus acumulaciones pocas veces se equivocaron. Deberíamos buscar más en lo que se disfraza o camufla. Las palabras no son inconscientes, sólo astutas. Sobrevivencia pura, incluso en sus desatinos.

Más que nada es la dimensión del viaje urbano, sus consecuencias textuales, la topología de una zona que sirve de envión e instrumento a joyas como las de Iain Sinclair (la editorial Fiordo acaba de publicar un libro precioso -dos conferencias-que se suma a aquel de Alpha Decay y a la pionera traducción de White Chapell, hará unos doce años). Llevo ya un buen tiempo realizando relevamientos similares, escavando en los imaginarios de varias zonas -jamás asociaciones, siempre rastros- entendiendo que “estuvo ahí” y sigue ahí de otro modo. Poco conocemos de una ciudad sin esas potencias simbólicas que le devuelven su dimensión más (quizá secretamente) convocante.