Ayer viví por varias horas la certeza de estar habitado por gestos, frases, lógicas y humores varios de mis amigos muertos. La impresión de haber sido su lugar de cita. Muchas ausencias frecuentándose, al mismo tiempo. Había bebido, pero no mucho. No me sentía ni demasiado abandonado ni divertido. Y tardaron un buen rato en partir.

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