Es mentira que duermo y también que no duermo. En algún punto entre estos términos que se enfrentan se retrae algo que me resisto a llamar insomnio. El resto se llama familia: consigo dormirme (toda una pantomima) dando cita a todo tipo de subterfugios y, cuando logro el objetivo, me despiertan. En el sitio más improbable, en la intimidad más improbable, alguien cita a Ayn Rand (nacida Alisa Zinóvievna Rosenbaum). La mención me alcanza en un pico de altísimo stirnerismo (incluso como si fuera poco sigo leyendo el bombástico Marx anarquista, de Maximillien Rubel y Louis Janover). Por suerte, el individualismo no es un humanismo.

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